20 Km
Hoy hemos almorzado chocolate con churros. En honor a la verdad hay que reconocer que todo ha cambiado. No cualquier tiempo pasado fue mejor, ciertamente, pero el chocolate y los churros podrían haber sido la excepción.
El primer tramo del camino ha sido un encanto. Esta zona vive de la ganaderia. El camino muy recto y claro atraviesa enormes finques dedicades a este menester. La vacas, marranos, ovejas y cabras campan en unos páramos idílicos ajenos al trágico final que les espera.
El segundo tramo ha discurrido paralelo a la N 630 hasta llegar a Monesterio, un puebo que vive de la industria del jamón, principalmente.
Con el paso de los días nos vamos adaptando al camino. Ya no caminamos con prisas o con la incertidumbre del tiempo que tardaremos. Cada mañana salimos a caminar con la certeza que al final de la jornada nos espera una reconfortante tarde en un pueblo distinto cada día. El camino se ha convertido en el protagonista.
Ya caminamos con un cansino ritmo propio del peregrino. El paisaje se mueve a nuestro ritmo y te permite captar matices que en otras ocasiones pasan desapercibidos.
En ocasiones el paisaje del horizonte se presenta confuso, las imagenes no son nitidas. Al acercarnos lentamente a él van desapareciendo las dudas y las imágenes se presentan con diáfana claridad. Solo hacía falta esperar.